Archivado en: ¿Qué sobre la gente?, ¿Qué sobre la vida?, ¿Qué sobre las relaciones?
Prometes lo que no será y aún así te sientes bien porque sabes que al menos por ese instante, sólo ese diminuto y volátil momento tu promesa vale y no sólo eso, sino que adquiere una dimensión deseosa de atemporalidad pero plena de ella, un “para siempre”. Como si ese “siempre” fuera real, tuviera sustento más allá de un ensueño que mañana será motivo de alguna queja. Y no importa, porque ese momento, ese instante, significa “para siempre”. La cosa es el mañana. La cosa es darse cuenta que ese “para siempre” te ata sin quererlo a un pasado que no siempre quieres recuperar aunque éste se empeñe en repetirse.
Y qué es un “para siempre” sino una vil utopía hecha para entretener y dejar alivio en el alma de aquellos que prometen. “Para siempre” no existe, “para siempre” es tan efímero y finito como los buenos deseos, como lo que vale la pena, como todo lo que sabemos que es demasiado bueno para ser verdad.
“Siempre” es demasiado y es tan poco. Es todo y es nada al unísono. Por eso cuando escucho unidas esas letras me pregunto quién espera que un “siempre” sea real si hasta la belleza cansa, los ídolos se derrumban y las llamas se consumen con más facilidad de la que se cree.
No Comments Yet por mucho
Deja un comentario
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <pre> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>
